Arte y Nuevas Masculinidades

Cuando te apasiona el arte y tu profesión, la psicología, no puedes evitar buscar puntos en los que converjan ambas disciplinas. Recientemente hemos visitado el Museo de Bellas artes de Asturias http://www.museobbaa.com/. El museo cuya última reforma fue en 2016 cuenta con una gran colección pictórica y escultórica y muchas obras magistrales con artistas de la talla de Dalí, Juan Carreño Miranda, El Greco, Zurbarán, Sorolla o Goya entre muchos otros.

En otra ocasión hablaremos sobre la cantidad de hilos que unen arte y psicología, pero en esta ocasión queremos centrarnos en un tema en concreto. Sin lugar a dudas, el arte es un reflejo de la sociedad que cumple la función de  espejo en el cual se refleja lo mejor y lo peor de nuestra sociedad. Esto nos permite analizarla y de alguna manera autoanalizarnos para así reconocer nuestros errores, vicios, debilidades y virtudes y de esta manera nos ayude a tomar las mejores decisiones personales y a crear conciencia crítica.

Nuestros últimos trabajos han girado en torno a las nuevas masculinidades tema que se liga íntimamente con los modelos de crianza y por ello con la Terapia Sistémica que es nuestro marco de trabajo. Con esos constructos anclados en nuestra mente la visita al museo se hizo bajo esa mirada y queremos  traeros del museo tres obras que reflejan diferentes patrones de masculinidad.

Juan Martínez Abades (Gijón, 1862 – Madrid, 1920). ¡Pobre hijo mío!,1885. Óleo sobre lienzo.

Comenzaremos con ¡Pobre hijo mío!, pintado en 1885 por Juan Martínez Abades. Se trata de una obra de gran formato. En la escena un padre con gesto de dolor sujeta a su hijo muerto en brazos mientras le besa la mano. Son muchas las cuestiones que se nos plantean y que darían para largas horas de estudio. Podríamos empezar por analizar el papel del hombre en el proceso de duelo por pérdida de un hijo, continuar por la forma de gestionar y expresar las emociones y la muestra de afecto en los varones y terminar por abordar el tema de nuevos modelos familiares como es el caso de las familias monoparentales.

 

Hermen Anglada-Camarasa (Barcelona,1871 – Puerto de Pollença, 1959). Danza Gitana, 1902. Óleo sobre Lienzo.

La siguiente obra que nos llama la atención es una de Anglada-Camarasa pintada en 1902. Es una obra que corresponde a la primera época parisina del autor, en la que entre otras temáticas, se centró en captar la novedad del alumbrado eléctrico, los estragos de la droga, escenas ecuestres, la vida gitana y la frivolidad de la vida parisina. En su obra Danza Gitana, destaca la figura principal. Un hombre con cuerpo atlético y musculado que danza al son de los cantaores ataviado con un colorido traje de volantes. Nos hace reflexionar sobre la idea de que la identidad masculina se construye renunciando a lo femenino y de la afirmación directa de lo masculino sin integrar las dos partes que conviven en cada ser humano. Se trata de una construcción dicotómica donde lo uno se opone a lo otro. Sin embargo este cuadro integra perfectamente los dos aspectos. Los elementos feminizantes como puede ser la vestimenta sin renunciar a la masculinidad simbolizada en la complexión y los rasgos físicos muy varoniles.

Nicolás Soria González (Avilés, 1882 – Oviedo, 1933). La Huelga, 1924. Óleo sobre lienzo.

Por último Nicolás Soria González, nos deja con el alma en un puño con esta escena pintada en 1924 que refleja una de las huelgas que el colectivo minero convocó para mejorar sus condiciones laborales. Nos llama la atención una figura en la parte inferior izquierda del cuadro. En “La huelga”, un padre abatido y desolado, acoge en su regazo a su hija que descansa adormecida protegida por su progenitor. El momento social que refleja esta obra, está marcado por la responsabilidad del varón de mantener y sustentar económicamente el núcleo familiar. Sobre sus hombros carga la responsabilidad del bienestar de su familia.

Fragmento de La Huelga.

Reflexionamos sobre en qué medida esta idea sigue interiorizada y asociada a la idea del varón. Nos remite a casos que vemos en consulta en los que es la mujer la que trabaja fuera de casa y el varón es el responsable de la crianza y el cuidado del hogar (generalmente porque no le ha quedado otro remedio no por decisión propia) y la disonancia cognitiva que esto le produce. ¿Seré lo bastante hombre si dejo que sea mi mujer la que “traiga el pan a casa”?.

Desde Medra Psicología os animamos a que visitéis este magnífico museo, a que os dejéis perder por sus salas y descubráis con vuestra mirada todos esos aspectos que estando de plena actualidad, llevan plasmándose en lienzos desde hace mucho tiempo.

Arte y Nuevas Masculinidades

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *